Piñera y Tompkins

Piñera y Tompkins, unidos por las ballenas
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Ambos anunciarán en las próximas semanas su intención de establecer un proyecto conjunto: la protección de las ballenas azules en la Décima Región. La primera muestra pública de una relación que se ha afianzado en los últimos meses.
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Tienen varias cosas en común: están dentro de los hombres más acaudalados del país, les encanta volar -pueden, incluso, darse el lujo de tener sus propios aviones-, y les preocupa conservar la naturaleza. Ahora podrá agregarse un cuarto punto: las ballenas.
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Porque Sebastián Piñera y Douglas Tompkins se unirán en un proyecto conjunto de protección de la ballena azul. Y esperan que sea el primero de una futura agenda ligada, que había comenzado de alguna manera cuando los asesores de Tompkins ayudaron a Piñera en la compra del predio Chiloé Sur, que abarca el 18% de la isla.
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El próximo viernes 8 de abril, los dos magnates darán el primer paso público en conjunto en torno al proyecto: la protección de la ballena azul en el Golfo del Corcovado. Ese día, ambos se subirán a un helicóptero, junto con el intendente de la Décima Región, Jorge Vives, y el director de la Conama de esa zona, José Luis García Huidobro. En la pequeña máquina, sobrevolarán las costas del Pacífico Sur para observar los lugares donde el cetáceo azul hace su ruta migratoria. Luego, al aterrizar, se espera que ambos expresen públicamente su voluntad de participar en este proyecto, que reunirá, además, al Gobierno, a través de la Conama de la Décima Región, y las ONG Centro de Conservación Cetácea y al Centro de Ballena Azul.
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Un proyecto que tiene mucho de sueños: proteger a la especie que alguna vez se consideró extinta y que sólo hace unos cinco años se descubrió que navega hasta las costas chilenas. Pero que también incorpora una fuerte dosis de negocios, pues el turismo de observar a la ballena azul está entre los más caros del mundo y ostenta las más altas tasas de crecimiento.
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El animal más grande.
Llegan a pesar 300 toneladas y miden 30 metros de largo, lo que las ubica como el animal más grande que haya habitado alguna vez en el planeta. Hace sólo unos pocos años se descubrió que esta ballena cruzaba todos los veranos desde las gélidas aguas de la Antártica hasta los más cálidos mares de la Décima Región para aparearse y buscar alimento para sus crías. La ruta la hacen siempre en grupos, puesto que si están solas son atacadas por las orcas.
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Rodrigo Hucke, del Centro Ballena Azul, lleva años estudiándolas. Él fue quien se acercó a la Conama de la Décima Región en noviembre pasado para proponerles la idea de hacer un proyecto que protegiera a esta especie. García Huidobro se entusiasmó y de inmediato se puso a buscar recursos para financiarlo: consiguió 360 millones de pesos del fondo de turismo del BID. La idea se la comentó a Patricio Rodrigo, director ejecutivo de la Corporación Chile Ambiente, y éste hizo el nexo con Tompkins y Piñera.
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Rodrigo, ingeniero agrónomo y un hombre que ha estado permanentemente vinculado a las políticas medioambientales de la Concertación, conoce la zona. No sólo porque la Corporación Chile Ambiente, una agrupación sin fines de lucro dedicada a la investigación en temas ambientales, asesora a Tompkins en la elaboración de los planes de manejo de sus parques, sino porque también está trabajando con Piñera en el diseño técnico de su futuro parque en Chiloé.
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La relación entre Tompkins y Chile Ambiente, cuyo presidente es el doctor Hernán Sandoval (hoy embajador en Francia), tiene una larga data. No es de extrañar, entonces, que a fines de febrero, Rodrigo se haya embarcado al sur junto con Rafael Ariztía, el hombre de Piñera encargado del parque, para iniciar el primer viaje de trabajo hacia esas tierras y ver cómo materializarán el proyecto de protección. Pasaron a buscar a Carlos Cuevas, el brazo derecho de Tompkins, quien también tendría mucho que aportar en el diseño del futuro parque de Chiloé.
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En ese viaje, Rodrigo les comentó a ambos la idea de participar en el proyecto. Se la comunicaron de inmediato a Tompkins, y fue tal su interés que tomó su avión el mismo día y voló de Reñihué a Puerto Montt, donde almorzó con Cuevas, Rodrigo y Ariztía.
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A fines de 2002, Piñera ya estaba bastante entusiasmado con la idea de tener su propio parque. Como Tompkins tenía tierras en la zona, se contactó con él para asesorarse sobre dónde podría comprar. Un primer intento fue en Melimollu, donde el propio norteamericano tenía 120 mil hectáreas. Pero luego el propio ecologista le sugirió mirar el predio de Jeremias Henderson, al sur de Chiloé.
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Desde entonces, la amistad entre ambos se ha ido afianzando. Tanto que durante el verano de 2004, toda la familia Piñera partió a Pumalín de vacaciones. Cercanos a ambos cuentan que los dos empresarios pasaron todo el fin de semana volando. Tompkins hacía de piloto, mientras las esposas se quedaron en tierra. "Desde entonces, el gusto de Piñera por los aviones, que recién estaba comenzando, se incrementó", señala uno de los cercanos al principal accionista de Lan Chile.
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Durante el año ambos se siguieron frecuentando. Una vez almorzaron juntos en Valle Escondido y en otra oportunidad fue Piñera quien lo invitó a cenar a su casa.
Al estrechamiento de esos lazos se han agregado varios factores: el geográfico y la evolución personal de cada uno. Pumalín y Corcovado, las tierras que Tompkins ha donado a la fundación y al Estado, respectivamente, están casi al frente del nuevo predio de Piñera. Sólo los separa el Golfo de Corvocado, donde cada verano van a reproducirse las ballenas azules. Una afinidad que el propio Piñera reconoce: "Él (Tompkins) tiene su parque, nosotros tenemos el nuestro, somos vecinos y tenemos inquietudes parecidas. Él partió mucho antes, por lo que su consejo es bienvenido, pero el norte es el mismo: proteger la naturaleza".
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Por su parte, "Sebastián siempre ha intentado hacer cosas distintas, como Chilevisión o la limpieza del río Mapocho. Y ahora se ha dado cuenta de que todo está depredado y que es bueno conservar esos territorios. En ese sentido, no se ve como un gasto, sino como una inversión, que en 30 años más se va a valorar mucho", explica uno de sus asesores. Incluso, Piñera se ha reunido también con Adriana Hoffmann, la ex directora de la Conama y cercana a Tompkins, para tratar temas de conservación.
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Mientras Piñera se ha acercado al ambientalismo, Tompkins ha hecho el camino inverso. Después de todo, él proviene del mundo de los negocios: El norteamericano ha ampliado su red de contactos, que ya no se limita al mundo verde. Es más, cercanos a él dicen que está bastante alejado de ese ambiente, y que está consciente de que se ha impuesto como un referente en la sociedad chilena. Por eso, no es de extrañar que en enero se haya reunido con Eliodoro Matte, en Pumalín. Cercanos a ambos dicen que la cita fue cordial y que, incluso, se abordaron temas como podrían ser la venta o intercambio de terrenos a futuro.
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Además, Tompkins se había reunido anteriormente con Mario Vargas Llosa y con la comisión política de Renovación Nacional. Y mantiene desde hace tiempo relaciones con la familia de Recaredo Ossa, el fundador de la Sociedad Agrícola La Rosa de Sofruco, uno de los mayores exportadores de fruta del país. Tompkins trae regularmente sus abejas, para apicultura, al fundo de los Ossa en la Región Metropolitana.
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Turismo y ecología
Por su parte, Tompkins tiene proyectado crear un parque marino frente al Parque Nacional de Corcovado, y Piñera hará lo mismo frente a sus tierras en Chiloé. "Buscamos crear un ambiente en nuestro parque marino para que la ballena azul tenga su hogar, encuentre las condiciones adecuadas para procrear y quedarse un tiempo antes de seguir su camino migratorio", explica Sebastián Piñera.
En esa zona, más del 85% de los ingresos proviene del turismo de la observación de ballenas, actividad que ha tenido un importante crecimiento a nivel mundial. Según datos de IFAW (Internacional Fund of Animal Welfare), los turistas que observaron ballenas en 2001 gastaron más de mil millones de dólares, entre tours, comida, hoteles y souvenirs. La actividad ha tenido un aumento anual de 21,4% desde 1991, bastante más que el turismo en general.
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"La idea es hacer de la Décima Región, en especial del Golfo de Corcovado, una zona reconocida a nivel mundial por la observación de las ballenas", agrega García Huidobro. Pero para concretarlo hay que hacer una serie de estudios, en los que se invertirán los millones del BID, para evaluar la situación del cetáceo en la región, tomando aspectos como el tamaño de la población, en qué época y hacia dónde migran y qué tipo de aviones o lanchas habría que tener para no generar un impacto negativo sobre el ecosistema. También la idea es dilucidar aspectos como si podría existir pesca artesanal o piscicultura en los alrededores.
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Tompkins ya se comprometió a facilitar toda la infraestructura que tiene instalada en Corcovado, como el centro de información turística, la pista de aterrizaje y algunos aviones. En tanto, su nuevo amigo, Piñera, lanzó un entusiasmado "vamos" y está estudiando cómo concretar su aporte. El primero de una larga y fructífera alianza con Tompkins.